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El desarrollo del
intercambio internacional unido a la mentalidad mercantilista que predominé en Europa
conjuntamente con el proteccionismo que los reyes y gobernantes otorgaban a los
comerciantes de su nación, provocó la decadencia de las Ferias entre los siglos XVI y
XVIII, pero a partir del siglo XIX, estas recomenzaron con nuevos bríos y con una serie
de características propias de la época.
Las grandes exposiciones
internacionales, creadas como muestrario de la producción industrial, resultaron ser
exhibiciones poco prácticas, de costos muy elevados y mínima tasa de retorno de la
inversión. Eso condujo a buscar su sustitución por «Ferias de muestras» (ferias
especializadas) de celebración anual. Las ferias especializadas se proponen establecer
una confrontación de los productos de las diversas empresas de uno o varios países, que
permita a los compradores efectuar sus compras con mayor conocimiento y a los expositores
evaluar el alcance de sus resultados y fomentar su propio comercio.

Las ferias de arte tal como las
conocemos hoy, son un fenómeno originado a finales de este siglo. De raíz típicamente
europea, ciudades como Basilea, Colonia, Madrid, París, Hamburgo, Boloña o Milán tratan
de atraer a galeristas y comerciantes de arte de todo el mundo con varios fines: primero
prestigiar a sus ciudades como centros culturales de vanguardia e intercambio, así como
convertirlos en sitios de bienestar económico y de potencialidad comercial. Segundo, las
ciudades se benefician del flujo turístico provocado por el llamado turismo cultural
fenómeno reciente- donde los miles de visitantes, mientras disfrutan del espectáculo
ferial, consumen infinidad de bienes y servicios con el consiguiente empleo local Y
tercero, estimulan la educación y el entretenimiento en la población y la actualizan en
los avances de la tecnología y las bellas artes.
Ante los indudables logros
alcanzados por estas ferias europeas, en Norteamérica las grandes empresas de productos
selectos, incluso de consumo masivo, se han volcado a respaldar las iniciativas de las
Ferias locales, pues desarrollan su imagen corporativa en el campo cultural y crean nuevas
formas de mercadeo directo.
Es por eso que ciudades como
Chicago, Nueva York Los Angeles, Miami, Santa Fé o San Francisco apoyan la organización
de ferias de arte. En Asia: Tokio, Hong Kong y Singapur llevan varios años haciendo estos
eventos anuales con el concurso y el respaldo de las autoridades y empresarios locales.
En América Latina, el proceso de
creación de ferias se ha ido dando también paulatinamente en medio de sus propios
dificultades. Caracas, Buenos Aires, Bogotá y Guadalajara son las abanderadas en este
proceso de integración cultural y comercial que a través de las características
específicas de cada país, constituyen en todos, la mejor vía de inserción en el
proceso de contemporaneidad en el arte. Parece que estos eventos puntuales y periódicos
como los festivales teatrales, los megaconciertos y las ferias, que requieren gran
movilización del recurso material y humano, van acompañados de respaldo colectivo,
quizás porque apuntan en la misma dirección que ciertos valores de la sociedad
contemporánea: la planetización de las relaciones comerciales, la globalización de las
comunicaciones, la multiculturalidad, la tolerancia y la convivencia pacífica entre las
personas.
Nicomedes Febres Luces
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