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Artista plástico y humorista
venezolano, (1929).
Estudio pintura en Caracas y en Ciudad
de México. Su formación artística y su oficio de pintor le permiten abordar la labor de
caricaturista con calidad plástica infrecuente en esa actividad. Desde 1965 realiza para
el diario El Nacional de Caracas, su caricatura editorial diaria Zapatazos, por la que
recibió el Premio Nacional de Periodismo en 1967, y dos Premios Municipales, en 1974 y
1975. A lo largo de su trayectoria pictórica, reconocida en el año 1980 con el Premio
Nacional de Artes Plásticas, Zapata ha realizado numerosas exposiciones individuales y ha
participado en muchas colectivas. Entre las más recientes pueden mencionarse: Dibujos en
la Feria Iberoamericana de Arte (Fia'97); 50 cyberdibujos realizados para la página web
de CANTV, en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber (Julio 1997);
Vestidos y desvestidos, muestra de dibujos que ha sido exhibida hasta el presente en el
Museo de las Américas en Washington, la galería del Consulado de Venezuela en Nueva
York, y en los espacios culturales del Consulado de Venezuela, en Miami (respectivamente
noviembre de 1997, febrero y abril de 1998); Absolutamente en Serio, pinturas en el Museo
Cuevas en Ciudad de México (junio de 1998); pinturas y dibujos en Fia'98 (julio 1998),
como artista homenajeado. Con una trayectoria docente que se inicia en 1958, también es
autor de una docena de libros que incluyen sus pinturas, dibujos, caricaturas y textos. Se
ha desempeñado como escenógrafo y vestuarista, artista gráfico, comentarista de radio y
televisión, conferencista y animador cultural. Fue el Director-fundador y coordinador de
la siempre recordada Cátedra Libre de Humorismo Aquiles Nazoa de la Universidad Central
de Venezuela.
Desde su regreso a Venezuela, hace alrededor de treinta o treinta y cinco años, Zapata ha
trabajado de manera incesante, ha compartido el humorismo con la incertidumbre y con el
desasosiego del acto de crear. El humorista desnudado por sí mismo: el humorista frente
al espejo impertinente -y retador- de la tela blanca. Digo que su obra es vasta. Pocos han
pintando tanto en Venezuela como él. Esto puede decirse con una tranquilidad de espíritu
como si se hablara de excatedra. Estos dibujos que, para saludar la llegada del otoño,
muestra el Museo de Arte de las Américas, en Washington, son dibujos de la plenitud del
pintor que ha consultado todas las esfinges, se ha mirado en todos los espejos, y ha
inventado el suyo, personal e instranferible. No es un espejo complaciente: es el espejo
del desafío. Zapata es Zapata y su estilo eminentemente personal.
Simón Alberto Consalvi
Catálogo de la exposición Vestidos y desvestidos,
Museo de Arte de las Américas.
Noviembre, 1997.
La mezcla de humor y arte suele ser explosiva. El caso de Zapata
bastaría para demostrarlo. Sus diarias caricaturas caraqueñas suelen ser un desafío al
sentido común y una jugarreta a la normal apreciación de las cosas. Descubre aspectos el
Zapata de los zapatazos y obliga a mirar las cosas como deben ser vistas cuando se tiene
clavada entre los labios una sonrisa de malo de película que tiene buen corazón. Por eso
es humorista, porque se sabe entero y limpio en sus sentimientos y descubre toda la
ridícula pretensión que hay en la gente seria, aun en la de mejores intenciones.
Además sucede así, como por casualidad- que Zapata es un buen pintor. Sabe lograr toda
esa gama de matices, formas y colores, resplandores y sombras para crear espacios y
volúmenes. Y en la pintura entra igualmente con cierto aire sorprendente de quien no
desea tomar en serio las cosas y echa en un momento un pincelazo de severidad donde se
ríe a carcajadas un azul y se tiñe de melancolía el rojo y surge el blanco de un diente
acusador entre los delicados tintes de las mejillas de una dama que murió hace tiempo.
No se puede separar el Zapata de las caricaturas del Zapata pintor, porque uno y otro
desembocan en un individuo perfectamente único. El de las caricaturas demuestra que sabe
pintar, que dibuja como pintor. El de los cuadros no puede ni quiere abandonar el tono de
sarcasmo y ataque sin el cual nada serian los juegos de los colores de las sombras, de los
inventados tiempos que se deslizan sobre la tela.
Sofía Imber
Pedro León Zapata (1966),
catálogo de la exposición Todo el Museo para
Zapata, Museo de Arte Contemporáneo
Sofía Imber, Caracas 1975, p. 32.
Del talento cáustico de Zapata es peligroso hablar. El se burlaría
de cualquier tentativa para encasillarlo dentro de los talentos preclaros y de las
virtudes del ingenio. Pero vamos a traerlo aquí como un instrumento de trabajo, no como
apología personal. Ese espíritu burlón y profundo lo tiene Zapata a flor de palabra,
tanto como a flor de trazo. Pero es sin duda el pensamiento quien inicia la haza-a simple
y diaria de compartir con toda Venezuela el flujo atropellado de la actualidad. La idea
viene clara concisa y contundente, cuando comienza a enredarse en el trazo fino, rápido y
definitivo que completa la intención.
Lo he dicho en otra oportunidad: lo más extraordinario del dibujo en Zapata es su
espontaneidad total.
Da la impresión de que para Zapata dibujar sus caricaturas es como respirar o pensar. Una
consecuencia natural de ser Zapata. El trazo viene, pues, suelto y seguro, como si la
línea naciera viva y libre para seguir su crecimiento. Y como el pensamiento y la
respiración, tiene sus modulaciones. A veces copioso, barroco y detenido, como a fuego
lento. Otras nervioso, como de un solo impulso, la línea abierta que apunta
precipitadamente su idea.
Roberto Guevara.
Ver todos
los días. Monte Ávila Editores,
Caracas 1981. pp. 323 y 324.
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