Pedro León Zapata

NORTE-SUR
1998
Oleo sobre tela
127 x 95cm
Foto: Carlos G. Rojas


 

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Pedro León Zapata Arriba

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Artista plástico y humorista venezolano, (1929).

Estudio pintura en Caracas y en Ciudad de México. Su formación artística y su oficio de pintor le permiten abordar la labor de caricaturista con calidad plástica infrecuente en esa actividad. Desde 1965 realiza para el diario El Nacional de Caracas, su caricatura editorial diaria Zapatazos, por la que recibió el Premio Nacional de Periodismo en 1967, y dos Premios Municipales, en 1974 y 1975. A lo largo de su trayectoria pictórica, reconocida en el año 1980 con el Premio Nacional de Artes Plásticas, Zapata ha realizado numerosas exposiciones individuales y ha participado en muchas colectivas. Entre las más recientes pueden mencionarse: Dibujos en la Feria Iberoamericana de Arte (Fia'97); 50 cyberdibujos realizados para la página web de CANTV, en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber (Julio 1997); Vestidos y desvestidos, muestra de dibujos que ha sido exhibida hasta el presente en el Museo de las Américas en Washington, la galería del Consulado de Venezuela en Nueva York, y en los espacios culturales del Consulado de Venezuela, en Miami (respectivamente noviembre de 1997, febrero y abril de 1998); Absolutamente en Serio, pinturas en el Museo Cuevas en Ciudad de México (junio de 1998); pinturas y dibujos en Fia'98 (julio 1998), como artista homenajeado. Con una trayectoria docente que se inicia en 1958, también es autor de una docena de libros que incluyen sus pinturas, dibujos, caricaturas y textos. Se ha desempeñado como escenógrafo y vestuarista, artista gráfico, comentarista de radio y televisión, conferencista y animador cultural. Fue el Director-fundador y coordinador de la siempre recordada Cátedra Libre de Humorismo Aquiles Nazoa de la Universidad Central de Venezuela.


Desde su regreso a Venezuela, hace alrededor de treinta o treinta y cinco años, Zapata ha trabajado de manera incesante, ha compartido el humorismo con la incertidumbre y con el desasosiego del acto de crear. El humorista desnudado por sí mismo: el humorista frente al espejo impertinente -y retador- de la tela blanca. Digo que su obra es vasta. Pocos han pintando tanto en Venezuela como él. Esto puede decirse con una tranquilidad de espíritu como si se hablara de excatedra. Estos dibujos que, para saludar la llegada del otoño, muestra el Museo de Arte de las Américas, en Washington, son dibujos de la plenitud del pintor que ha consultado todas las esfinges, se ha mirado en todos los espejos, y ha inventado el suyo, personal e instranferible. No es un espejo complaciente: es el espejo del desafío. Zapata es Zapata y su estilo eminentemente personal.


Simón Alberto Consalvi


Catálogo de la exposición Vestidos y desvestidos,
Museo de Arte de las Américas.
Noviembre, 1997.




La mezcla de humor y arte suele ser explosiva. El caso de Zapata bastaría para demostrarlo. Sus diarias caricaturas caraqueñas suelen ser un desafío al sentido común y una jugarreta a la normal apreciación de las cosas. Descubre aspectos el Zapata de los zapatazos y obliga a mirar las cosas como deben ser vistas cuando se tiene clavada entre los labios una sonrisa de malo de película que tiene buen corazón. Por eso es humorista, porque se sabe entero y limpio en sus sentimientos y descubre toda la ridícula pretensión que hay en la gente seria, aun en la de mejores intenciones.
Además sucede así, como por casualidad- que Zapata es un buen pintor. Sabe lograr toda esa gama de matices, formas y colores, resplandores y sombras para crear espacios y volúmenes. Y en la pintura entra igualmente con cierto aire sorprendente de quien no desea tomar en serio las cosas y echa en un momento un pincelazo de severidad donde se ríe a carcajadas un azul y se tiñe de melancolía el rojo y surge el blanco de un diente acusador entre los delicados tintes de las mejillas de una dama que murió hace tiempo.
No se puede separar el Zapata de las caricaturas del Zapata pintor, porque uno y otro desembocan en un individuo perfectamente único. El de las caricaturas demuestra que sabe pintar, que dibuja como pintor. El de los cuadros no puede ni quiere abandonar el tono de sarcasmo y ataque sin el cual nada serian los juegos de los colores de las sombras, de los inventados tiempos que se deslizan sobre la tela.


Sofía Imber


Pedro León Zapata (1966),
catálogo de la exposición Todo el Museo para
Zapata, Museo de Arte Contemporáneo
Sofía Imber, Caracas 1975, p. 32.



Del talento cáustico de Zapata es peligroso hablar. El se burlaría de cualquier tentativa para encasillarlo dentro de los talentos preclaros y de las virtudes del ingenio. Pero vamos a traerlo aquí como un instrumento de trabajo, no como apología personal. Ese espíritu burlón y profundo lo tiene Zapata a flor de palabra, tanto como a flor de trazo. Pero es sin duda el pensamiento quien inicia la haza-a simple y diaria de compartir con toda Venezuela el flujo atropellado de la actualidad. La idea viene clara concisa y contundente, cuando comienza a enredarse en el trazo fino, rápido y definitivo que completa la intención.
Lo he dicho en otra oportunidad: lo más extraordinario del dibujo en Zapata es su espontaneidad total.
Da la impresión de que para Zapata dibujar sus caricaturas es como respirar o pensar. Una consecuencia natural de ser Zapata. El trazo viene, pues, suelto y seguro, como si la línea naciera viva y libre para seguir su crecimiento. Y como el pensamiento y la respiración, tiene sus modulaciones. A veces copioso, barroco y detenido, como a fuego lento. Otras nervioso, como de un solo impulso, la línea abierta que apunta precipitadamente su idea.


Roberto Guevara.


Ver todos los días. Monte Ávila Editores,
Caracas 1981. pp. 323 y 324.

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