| 30 DE
JUNIO Diario El Nacional Cultura |
| EL NACIONAL - MARTES 30 DE JUNIO DE 1998 |
FIA 98: UNA FIESTA PARA LA VISTA Y EL GUSTO La palabra será el manjar que abrirá la feriaMientras un cargamento de pinturas, esculturas y gráficas se desplaza entre La Guaira y Caracas para comenzar a exhibirse, desde mañana, en la séptima edición del Feria Internacional de Arte, Enrique Hernández D'Jesús convida a "saborear" su más reciente creación: La tentación de la carne, un libro con ilustraciones de Carlos Contramaestre editado por Ediciones Arte Dos Gráfico, en el que su autor, poeta y cocinero, presenta recetas que más bien saben a propuestas de vida. El jueves, a las 5:00 pm, la FIA pone el asador en el stand de la Galería Sextante y Salvador Garmendia será el mesonero presentador. Ponga usted, lector, los ojos como cubiertos. Y buen provecho
RUBEN WISOTZKI
El poeta y cocinero Enrique Hernández D'Jesús, tan hambreado de vida como el poeta y pintor Carlos Contramaestre, de quien son las sabrosísimas ilustraciones, y como Luis Angel Parra, editor únicamente de manjares, publica sus recetas que no son más que el modo más eficaz para digerir el sinsabor que nos dejan estos días. Desde que escribía La olla imaginaria en El Nacional y Los sentidos del gusto en el desaparecido Diario de Caracas, hasta ahora que publica El saber del sabor en Feriado han muerto muchos olores y han nacido otros. En todo caso, cuenta con siete libros de cocina en la computadora, todos en baño de María, y un proyecto exquisito: el que las editoriales Tierra de Gracia, de Venezuela, Ediciones Arte Dos Gráfico, de Colombia, y Sin Nombre, de México, "el G3 de la literatura", unan esfuerzos literarios. ¿Quién niega que esa utopía está como para chuparse los dedos? -Así como Jotamario Arbeláez asegura en el prólogo que mientras más come carne más quiere a su vaca, usted mientras más come carne más quiere a la vida, ¿no? -Fíjate la paradoja: Yo he pecado tanto, pero tanto, que ahora me prohibieron la carne. Mi médico, más bien, me pidió mesura. Ya no puedo exagerar. Entonces, más quiero a la vida, más quiero a la carne y menos la carne me quiere a mí. ¿Si se quiere más a la vida? Claro que sí. Se aprende a querer más a la vida, sobre todo, en la muerte de la carne, que es la muerte de uno, la muerte de sus amigos. Ahí es que uno puede darse cuenta de que la carne no cuenta para nada. Lo que cuenta es la tentación de la carne. Ella es la que siempre vive. -Se vive y se muere en la tentación... -Así es. Siempre se aprecia la tentación en lo vivo pero en lo muerto también está presente. El muerto es una tentación permanente, es un fantasma que está al lado de uno, que acompaña a uno a todos los actos, muy especialmente los carnívoros. El muerto es un voyeur, un mirón. Siempre está pendiente de todas las peripecias o locuras que uno hace y deshace. Y no son precisamente locuras, es la vida que produce en un momento tantas formas, tantas situaciones, tantas cosas. -Tantas cosas como es usted: poeta, fotógrafo, editor, diseñador, gastrónomo, ¿bebedor? -¡Incansable! Me falta ser heladero que es lo que era mi padre. No sé todavía cómo diablos soy poeta. El ser fotógrafo se lo debo a Luis Brito quien en un minuto y diez segundos me enseñó todo lo que necesitaba saber de la fotografía. Los diez segundos bastaron para romper todas mis fotografías mientras que el minuto sirvió para encerrarme en el laboratorio y enseñarme la técnica. El resto, que es en realidad lo más importante, está en los ojos. -¿Chef literario o un literato metido a chef? -Ni literato ni chef que suena tan arrogante, es todo, el Todo. No establezco diferencias entre una cosa y la otra. No establezco diferencias entre un texto gastronómico y un poema. Cuando digo "El día domingo, ternera tenme ternera" siento que estoy escribiendo un poema que es, al mismo tiempo, una receta, una historia... -Que es la de una ternera cocinada para una mujer que nunca llega a probarla. Hay entre receta y receta un hilo narrativo, ¿no es cierto? -No sé si pesa lo narrativo, no sé si es mejor que todo quede en la anécdota. Imagínate cocinar días y días, papas negras andinas, ensalada de pato, ensalada de hongos troyana, entre otras cosas, para una mujer que nunca llega. -En todo caso hay un sentido poético. En una página usted dice: "Para equilibrar esta carne hay que consentirla mucho, tratarla bien, acariciarla con la sombra de los labios y darle vuelta con el ardor..." -Es verdad. Para mí tiene un profundo sentido poético. Creo que la cocina es un placer, no una obligación. Cuando es placer es poesía, cuando es obligación es horror. -Aclaremos ya en el adiós: ¿Usted propone que los poemas se coman y que las recetas se reciten? -Prueba de hacer ambas cosas. ¡Verás qué gusto! |
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