Tecno-Fia 98: un espacio para la rebelión del arte y la tecnología.

 


Definitivamente como señala Salman Rushdie, vivimos en una cultura que erotiza y glamoriza rutinariamente sus tecnologías de consumo. En una especie de Parque de Diversiones que a ratos hace reales los más dulces sueños, a ratos las más siniestras pesadillas, la máquina permanentemente saca a relucir que el triunfo de la razón ha sido tan ambiguo como la defensa exacerbada de la espontaneidad y la intuición. Es obvio que, en tales circunstancias, la producción artística arrastra consigo las mismas aventuras y desventuras que a diario someten a la unidad de la persona y de la conciencia, en esa especie de inevitable atracción por los nuevos espacios que ha abierto el desarrollo tecnológico, pero también por sus limitaciones, pues no se trata únicamente de la fascinación por la maquinita, sino de las posibilidades de mantener la fuerza creadora, el impulso de la poiesis, dentro de ese mundo de luces, cables y tránsitos cibernéticos. Cuando en una exposición como el Salón Pirelli principal evento de confrontación para los jóvenes en América Latina los artistas escapan con decisión y vehemencia de los márgenes tradicionales de las disciplinas pictóricas o escultóricas, no están proclamando la muerte de ellas, sino simplemente pronunciándose con respecto a las innumerables posibilidades en las redefiniciones de la estética que se les abren al explorar los nuevos medios, desde la ampliación del concepto de espacio y la relación con el espectador, hasta los infinitos cambios en la construcción y tratamiento de la imagen, pero, sobre todo, en la construcción de un discurso diferente, de una inédita conformación de la experiencia de creación.
En este sentido, TecnoFia se perfila como un evento de apoyo consistente y dinámico para la difusión de estas corrientes alternas en el arte contemporáneo venezolano que, por abordar justamente la experimentación con nuevos medios, no suelen ser presentados de manera oficial en los circuitos legitimados del mercado.
El Escuadrón SUDACA, por ejemplo, coloca su principal centro de actividades en el espacio de creación de una suerte de terrorismo semiótico donde se cuestionan sin piedad las bases del sentido que articula el imaginario cultural contemporáneo, integrando también el recurso publicitario de las vallas y la propaganda como eje de presentación de sus obras, que terminan siendo nuevos productos contestatarios y rebeldes a cualquier tipo de encasillamientos. Enrique Enríquez utiliza el ámbito de la comunicación para articular un discurso que, quizás por su radicalidad y falta de concesiones con los parámetros oficialistas consagrados por las vanguardias estandarizadas del mercado, ha sido poco difundido. Enríquez arremete contra los estereotipos, los re/trabaja y, sin complejos, se sumerge en el costumbrismo para romperlo, y así formular un nuevo e inédito recinto para la comunicación creativo, ingenioso, con mucho humor. Con un proceso como el de www.Pepitona Caliente.com hace ingresar en el cyberespacio una versión actualizada y repensada desde el fondo de los tradicionales y vernáculos cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo. Pedro Morales es un pionero en la incorporación de las nuevas tecnologías en los lenguajes artísticos. Su obra nos ha permitido ir muy lejos en el establecimiento de vínculos entre el arte y la informática, pero lo mas significativo en esta investigación, es el uso desprejuiciado de esos medios y las posibilidades de devolver a la ciencia su papel en la búsqueda de lo bello. Empleando la computadora como medio de enlace, reelabora y reconstruye los temas más íntimamente vinculados a la existencia y a la memoria arquetipal. En el caso de Esso Alvarez, el trabajo con la imagen se exhibe como una sólida reformulación de la historia, la memoria y las relaciones políticas en nuestro entorno. El uso de la máquina soporta la creación de asociaciones aparentemente insólitas que hacen redescubrir un espacio a medio camino entre los procesos reales y los sueños del colectivo. Nela Ochoa propone una búsqueda de las bases más íntimas del cuerpo y la identidad, desvanecidos por entre los simulacros tecnológicos contemporáneos. Su trabajo apunta a un encuentro de violencias y actos de amor, donde la gestografía se convierte en el alfabeto esencial, lo cual constituye un aporte en el manejo de las tecnologías. Sin el menor miedo
a los soportes o al empleo de cualquier género de material, entrelaza un discurso que mezcla imágenes de exploración médica del cuerpo humano, con las cargas sociales que el propio cuerpo ha llegado a sostener.
Lo más destacado de las propuestas que aquí se han seleccionado, es que no se trata de lenguajes marcados por el regodeo narcisista con las máquinas y las pantallas. Más que producir objetos de valor artístico, procuran formular modelos alternos de lenguaje. Más que centrar una idea, proponen utilizar los mecanismos artísticos como detonantes de conocimiento. El siglo recorrido se presta, a estas alturas, para tender una distancia crítica entre la obra y el uso de la tecnología. Si algo caracteriza a los participantes de la edición TecnoFia98, es su deliberada subversión de la tecnología, a modo de sacar a la luz los mecanismos ideológicos que subyacen bajo el aparente despliegue de progreso, y, lo hacen, empleando los medios como lo que son: medios de apoyo para un discurso que, en este caso, se sostiene sobre profundas bases críticas.







María Luz Cárdenas

 

 

 

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