EL NACIONAL - LUNES 12 DE JULIO DE 1999

 

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CULTURA

 

Eduardo Molina ganó Salón Jóvenes con FIA

Por su obra Lecho, el artista se llevó el premio único que otorga el evento en una decisión del jurado integrado por invitados internacionales -el colombiano Alberto Sierra, el brasilero Marco Antonio Vilaza y el cubanoestadounidense Ricardo Pau Llosa- y que incluyó menciones especiales a las obras de Sara Maneiro y Darío Basso

EDGAR ALFONZO-SIERRA

Ayer el artista Eduardo Molina desayunó en la cama. Lecho, su obra participante en el II Salón de Jóvenes con FIA, le valió la presea que otorga este evento y que consta de 2 millones de bolívares más una estatuilla diseñada por Pedro León Zapata, la misma que es imagen de esta colectiva de jóvenes creadores.

Lecho es un colchón de luz y dibujos cómics de atención visual asertiva, rápido efecto sonriente y sensaciones de inmaterialidad. Pero una lectura más inmersa en ese recinto de sábanas y almohadas, lleva a lo que una cama supone para Molina como centro de la existencia, canoa de los sueños y los miedos, escritorio-taller del artista y delivery de su inconsciente. Es decir, una cámara donde se recibe, identifica y procesa el material de las pesadillas, los deseos, las obsesiones, los propósitos y las dudas que son la clave de los conflictos individuales. Según palabras del autor, Lecho intenta ser un reducto del mundo interno de cada espectador, con sus recuerdos, con esas imágenes surgidas en vigilia o en su estado opuesto, a ratos angelicales, a ratos monstruosas.

Los criterios que adujo el jurado integrado por el galerista brasilero Marco Antonio Vilaza, de la galería Camargo-Vilaza; y los investigadores Alberto Sierra (Colombia) y Ricardo Pau Llosa (Cuba-Estados Unidos), para el reconocimiento de esta obra fueron, según veredicto firmado por esta tríada, economía de medios, unidad de concepto, contundencia expresiva y sentido del humor.

Eduardo Molina (Caracas, 1967) estudió Bellas Artes en la Universidad de Salamanca. Tiene en experiencia el dibujo, expresión en la que ha destacado (fue primer premio de la VII Bienal Nacional de Dibujo Fundarte) y con la cual abordó la edición en cómics de un sucinto texto de cuentos zen clásicos. No es casual. Entre sus investigaciones no estrictamente plásticas, se encuentran el zazen, práctica sedente y meditativa de gentilicio nipón.

Quizá, uno de los trabajos con los cuales el artista es más identificado sea el Saturno Bar, instalación que ha tenido distintas ediciones desde su primer montaje en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en 1990 y cuya propuesta Molina define como "espacio interactivo, donde las bebidas, la música, los elementos movibles y mis propios sueños fluyen como catalizador de los sueños del colectivo participante".

El Saturno Bar fue estrenado en Venezuela el mismo año de su aparición en España. El lugar: un piso del Ateneo de Caracas, donde la instalación permitió a la bohemia nocturna capitalina una cierta resaca liberal y divertida. En horarios fuera de uso público, el Saturno fue set de filmación de la película Fred y Rosy de Luis Urbaneja que aún permanece en inaccesible estado virtual de no estreno. Después, en el año 96, la obra tomó a la galería Muci y a la planta baja, iluminada de ficción, del edificio Atlantic de Los Palos Grandes. El próximo sábado 31 de julio, el bar reaparecerá en la galería Los Espacios Cálidos.

Siendo la primera vez que Eduardo Molina practica con la cama como objeto artístico, explica que está relacionada sistémicamente con el tema de la instalación-bar. En cuanto a lo formal, ambas investigan en la luz transparentada, el dibujo y el color. En cuanto a contenidos, cama y bar son símbolos de la noche y escenarios de la transformación de la conducta humana en momentos en que el sol se oculta.

Por su parte, los artistas Sara Maneiro y Darío Basso recibieron menciones especiales del jurado del salón. Maneiro (Caracas, 1965) participó con un conjunto fotográfico titulado Armas caseras y objetos de escape que, pese a su sencillez inmediata y documental, convoca complejas lecturas sobre la violencia, la muerte y su latencia en la vida urbana. Basso (Caracas, 1966), por su parte, con una identidad cuyos afluentes están en Venezuela y España, presenta Humus, resultado de su concubinato con la naturaleza de las costas de Choroní. El artista traduce pictóricamente, en performánticas sesiones de trabajo, la esencia y cursos del gran sistema biológico.

Las obras premiadas están expuestas en la galería Espacios Cálidos. Vaya y sea usted el juez.