Alirio Palacios

Nació en Tucupita, Territorio Delta Amacuro en el año 44. Estudió en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas, en las secciones de Arte Puro y Artes Gráficas. Viaja a Europa por primera vez para representar a Venezuela en el VII Festival de la Juventud de Viena y se muda a Italia con el propósito de incorporarse a la Academia de Bellas Artes de Roma. De allí se traslada a la Universidad de Bellas Artes de Pekín, China, donde realiza estudios de grabado. Vive en Polonia para proseguir su investigación plástica en Varsovia.

Siempre en constante comunicación con la tierra que lo vió nacer Palacios va y viene, estudia y trabaja, y, siempre motivado por cultivar sus conocimientos y apasionado en la utilización de nuevos materiales, retoma sus estudios en Berlín Occidental, va a Suiza y posteriormente a la Universidad de Cracovia.

Pintor, dibujante, grabador, diseñador gráfico y colorista por naturaleza, Palacios ha buscado en toda su obra una síntesis de grafismo y color. Desde sus comienzos fue figurativo y, aunque al principio empleó tonalidades sombrías, después aclaró su colorido y composición, tornándose sugerentemente poético; con ciertos elementos lineales tomados del diseño
publicitario. En realidad se trataba más de una expresión de abstraccionismo lírico que de una figuración, términos entre los cuales fluctuó la concepción de Alirio Palacios: subjetivo en su comportamiento ante el color y realista en la necesidad de expresar imágenes que por la vía del impronto y del azar, le son dictadas por la realidad. Se ha expresado en todas las técnicas gráficas cuyo oficio lo han dado a conocer como uno de los grabadores venezolanos más destacados. Puede encontrarse en sus últimos trabajos elemento de influencia surrealista combinado con rasgos propios de su figuración expresionista, en cuya línea se ha mantenido a lo largo de toda su obra. Sus obras más recientes están sustentadas en maderas desechables, las cuales observa, cura, fumiga, pule, pinta, interviene y nuevamente observa, y aprovechando su fisonomía aplica allí su mundo, e imprime sus “aparecidos”.

En la actualidad reside entre Caracas y Nueva York donde también ha instalado un taller de trabajo en el Soho. Alirio Palacios está presente en la Feria Iberoamericana de Arte desde su primera edición.

 

Alirio Palacios“... Paralelamente a su obra pictórica, la obra grabada de Alirio Palacios ha venido ganando empuje y dictando, en cierta medida, pautas para toda su creación plástica. También entre la gráfica y la pintura se van a establecer nexos que repercuten
significativamente, por una parte en la pintura y por la otra en los grabados y planchas reunidos en esta oportunidad.
La relación Oriente-Occidente no propone una posición unilateral; acepta el ir y venir de ambas culturas, sin la pretención, errada por cierto, de adoptar una u otra, dando por sentado una conversión psíquica equivalente o, lo que es más grave, creer que pueden ser promediadas. Lo oriental y lo occidental viene de direcciones distintas, se tocan apenas en un punto, y continúan hacia destinos opuestos. La búsqueda de un equilibrio entre ambos mundos radica en este breve intervalo en el que dos líneas se cruzan y se separan nuevamente. A propósito de esta dualidad, Jung dice:”Primero tenemos necesidad de una verdad acerca de nosotros mismos (...) El camino comienza con nuestra propia realidad”. Una verdad, como punto de partida en la obra de Alirio Palacios es la impronta de su tierra natal, el delta del Orinoco. “¿Qué habría sido de mí sin el Delta?” se pregunta él mismo, en relación al profundo impacto, a la contundente presencia espiritual de un país como China. No menos fuertes, sin duda, son las visiones que lo acompañan de su tierra y las emociones que inspiran un carácter y un gusto como los suyos, motores permanentes de su trabajo. El Delta para Alirio Palacios cumple así una doble función de esencia y sentido, de memoria y destino y es el encuentro con otros mundos lo que revalora y redimensiona en él lo arraigado originariamente...”

Josefina Núñez. Grabar siempre para pintar siempre. Texto tomado del catálogo Xilografías y Concretografías,. Museo de Bellas Artes, Caracas. 1994-1999.

...” Otro rasgo que viene a singularizar la representación de su paisaje y de sus figuras en general se encuentra a menudo en el empleo del negro asumido como color, como especial valoración del espacio pictórico. En Palacios los esfuminos ya no tendrán al blanco por referente, sino al negro, la huella china de su pintura que en ella desempeña una función insustituíble. Se trata de un rasgo tan identificado con su trabajo, como lo dejan ver los comentarios que ha merecido por parte de muchos críticos. Unas veces visible como mancha, como vacío de donde emerge cualquier figura, el negro parece remitirnos al caos primordial, al que basta, por ejemplo, un leve trazo, la forma de un ala o de un pico para convertirse en pájaro. Negro con caballo dentro, con pájaro dentro. Negro como capa de mago que contiene las formas de todas las cosas. Perán Erminy ha sabido destacar la influencia de ese negro proveniente de China que a través de Palacios se ha expandido en la pintura venezolana, particularmente en la de aquellos jóvenes artistas que fueron sus discípulos durante las décadas de los setenta y ochenta, quienes han heredado las tonalidades y penumbras, las manchas donde la tinta china, como una araña, ha seguido tejiendo sus infinitas redes...”

Eugenio Montejo. Alirio Palacios: magia y maestría del grabado. Texto tomado del catálogo Xilografías y Concretografías,. Museo de Bellas Artes, Caracas. 1994-1999.

Alirio Palacios

Alirio Palacios
De la serie versiones, 1999
Carbon, óleo y hojilla de oro
178 x 97 cm


Para ello, debió encontrar que su trabajo comulgara con materias naturales, que lo conducen al interior de estas vibraciones, pues los materiales tradicionales se negaban a ser el receptáculo de paisajes primigenios. En su ardor creativo, la piedra, el hueso, el humo y la arena se convirtieron en colores y texturas, como escencias atrapadas que piden retornar a su origen, logrando un gran dinamismo, difícil de reencontrar en otras obras.
Otro elemento necesario para que nacieran estos cuadros,que le dan un giro al paisajismo venezolano, es la ruptura con la tradición plástica occidental que se dio en Alirio Palacios a raíz de su educación artística en China. Pudo así reencontrar los paisajes espirituales del Delta Amacuro, que tanto lo obsesionaron, los cuales no podía exteriorizar dentro de la tradición académica occidental, pues no le ofrecía los instrumentos necesarios para la comunión de su alma y el paisaje. Intuitivamente rechazó la tradición europea, y fue en la China donde, para su sorpresa, encontró un arte cuyo objetivo escencial es establecer los instrumentos creativos que permitan plasmar el paisaje espiritual. Es una enseñanza que guió al creador a interiorizar la realidad, para luego expulsarla a través de un color y un dibujo guiados por la intuición, que atrapa energías, espiritualiza el impulso creativo y permite reventar estos contenidos a través y sobre materiales nobles como el lino, el papel de arroz, que vibran de etereidad...” “... La propuesta de Alirio Palacios nos enfrenta a golpes de luz, de tierra, de cielo, de roca, de ángeles que nos deslumbran. Son visiones del paisaje que por su origen logran gran fuerza emocional; son personajes que no se explicitan, pero rondan estos paisajes , pues la geografía espiritual es el terruño, madre de todos los herejes, fantasmas, creyentes y aparecidos nacidos en la pintura de Alirio Palacios...”Eduardo Planchart Licea. Paisajes espirituales, texto tomado del catálogo Alirio Palacios, Entre lo real y sus signos, Museo de Bellas Artes, Caracas. 1992.

“... El tiempo para mí es todo. Es la muerte y es la vida, y es como el termómetro de mi obra. Ha sido ese tiempo de tránsito por el mundo, el que me fue dando la posibilidad de guardar una rica información y aprendizaje en la computadora de mi cerebro y es ahora cuando esa información y formación está aflorando con mayor libertad en mi obra pictórica. Nací con una energía, y,como todos saben, vengo del agua y ese ha sido un signo para mí porque siempre vuelvo a ella...”

Alirio Palacios, texto tomado de entrevista publicada en El Nacional, el 3 de mayo de 1992.