| DOMINGO 2 DE JULIO DE 2000 EL NACIONAL |
CULTURAAlirio Palacios sellado por las aguas
CHEFI BORZACCHINI
La uñas de Alirio Palacios lo delatan inmediatamente. No cabe duda que por muy bien enfluxado que esté es un hombre que trabaja con las manos, con pinturas, tintas, maderas y líquidos. En sus uñas están los restos de trazos, partículas de la más reciente pincelada a la cola de un caballo y hasta astillas clavadas en la última noche mientras preparaba una de sus tablas. Siempre se empeña en andar "de punta en blanco"; pero eso sí, se apresura a decir que "no me gusta que me confundan ni que me etiqueten porque yo sólo soy un artista que siempre ha intentado cumplir con mi destino, sin que nada ni nadie pueda ponerlo bajo control. Esa es la mayor riqueza que tengo". Y es difícil imaginar que una persona nacida en ese espacio de aguas y vegetación que es el delta, pueda ser represado. En su obra se observa una esencia indomable, ajena a la costumbre que es hija de este fin de milenio. -¿Alguien ha intentado domar el arte de Alirio Palacios? -Nadie lo ha controlado. En cambio, me han apoyado mucho. He tenido galeristas que han sido para mí un gran soporte, que me han representado, he estado subastando durante 12 años, me han colocado precios en el contexto europeo y latinoamericano. Ha sido el apoyo y la relación lógica, de amistad y de creencia en mi obra lo que ha prevalecido, pero hasta allí llegan. No le permito a nadie ir más allá. -¿Qué hace cuando se da cuenta que un cliente o marchante quiere explotar comercialmente su trabajo? ¿Ha mantenido una actitud rebelde en ese sentido? -Cuando los galeristas o los marchantes quieren controlarme, me escapo. Me safo, me voy. Me aislo en mis talleres. Las galerías tienden a controlar la parte de los precios, pero he sido bastante duro en cuanto a imposiciones o solicitudes que tienen que ver con mi oficio, con el contenido y sentido de mis cuadros. Tal vez alguien haya llegado a sugerirme que le haga obras en pequeño formato, o que cambie mis colores y no las haga tan oscuras. Eso me da mucha risa. Eso es imposible, le digo. No puede ser, porque la obra mía es como es y si no les complace, lo lamento. No hago obras ni en los formatos que ellos quieren, ni planteo los temas que les combinen con los muebles, ni utilizo los colores que vayan con el tono de las alfombras. Mi arte es sagrado y punto. -Usted tiene tres talleres, ¿qué representan cada uno de esos espacios donde nace su obra? -El de Las Acacias, mi primer espacio de trabajo, no he podido cerrarlo. Allí está mi alma, mis archivos, mis grabados más amados, mis libros-guías; alberga la historia de mi vida. El nuevo, en Carrizal, es donde desarrollo las obras de gran formato -esos lienzos enormes que me tienen loco y me fascinan-, me proporciona el contacto con la naturaleza. Me gusta respirar la belleza, el olor de las plantas en un país donde todo se ahoga. El de Nueva York es vital para mí, ya que significa la relación con el arte contemporáneo y con lo que se hace en el resto del mundo, esa ciudad es una vitrina ideal. Voy y vengo, trabajo en Estados Unidos unos meses, visito las grandes galerías de Soho, observo los planteamientos que se presentan en el Guggenheim y eso me sirve para no creer en pajaritos preñados en materia de arte. -¿Y qué es para Alirio Palacios creer en pajaritos preñados? -Es creer en ese arte provinciano que muchas veces vemos en Venezuela. Es escoger a cualquier persona que hace una cosita rara -una patineta, un huevo reventado- y exponerla sin ningún concepto. El arte es tiempo, es desarrollo, proceso y muerte. Y es la historia la que va a decir qué es arte. Yo he logrado mi obra gracias a la formación, a varios procesos y etapas que he transitado, estudiando mucho y asumiendo mi oficio como un proceso complejo y global. -¿Practica Alirio Palacios alguna tradición espiritual? -No he tenido una religión definida porque muy joven me educaron los chinos y los polacos en un mundo totalmente comunista. Pero tampoco he sido tan ateo. Tengo algo de una línea religiosa, que no sé si es Cristo o quién, pero claro que creo. Debo decir que a lo largo de mi vida he hecho grandes empresas con mis espíritus, viajando y buscando almas pasadas. He ido al valle de los dioses en Egipto, en la India, en Nepal, buscando un mundo más ancestral, algo más allá de la protección de una iglesia, menos elemental. He intentado buscar algo más profundo, bien sea en el Valle de los Faraones, donde, por ejemplo, está enterrado Ramsés. En esos lugares me he sentido impregnado de esos espíritus, de esas almas esplendorosas y sabias. -¿Cree en la energía de los muertos? -Sí. Creo en que esos espíritus nunca se van, están con nosotros. Precisamente, mi obra actual tiene mucho de religiosidad, son planteamientos sobre la muerte de Cristo, pero Cristo como visión, no como creencia. Mi obra está llena de muertos, de la energía de las aguas, de caballos encarnados y reencarnados, de fantasmas que no son otra cosa que personajes que nunca se fueron, que viajan de un plano a otro. Todo ese encuentro en los grandes centros espirituales asiáticos me ha permitido sentir esos espíritus milenarios. -Usted lanzó una frase dura anteriormente: "Aquí en Venezuela todo se ahoga". ¿A qué se refiere? -Todo se ahoga porque estamos viviendo un momento de la cultura en que todo se ha convertido en una espera, en una incertidumbre. Yo tengo fe, pero estoy golpeado por esa noticia reciente que comunicó El Nacional sobre la paralización de la Galería de Arte Nacional, que es tan importante que se concluya para que realmente se pueda hacer una difusión del arte nacional a profundidad y para que los venezolanos tengan más espacios de servicios públicos que les permitan enriquecerse intelectualmente. Los países se miden por su cultura y eso es lo que nosotros no hemos utilizado como política. Como lo hizo México cuando en 1988 invirtió millones de dólares y toda una batería de hombres y de promoción para mostrar en Nueva York el poder de los Mayas, el poder de una cultura única en la tierra, y con eso México consiguió un impacto, y con ese impacto logró acuerdos económicos, reglas fronterizas, convenios de todo tipo, inversiones de Estados Unidos en suelo mexicano. Cuando España decide mover a Velázquez al Museo Metropolitano dejando fuera las solicitudes que también le ha habían hecho Londres o Alemania, tiene calculada su estrategia: exige convenios, contratos. Pero antes llegó la gran exposición de Velásquez al Metropolitan Museum y olas y olas de gente pudieron apreciar la esencia del ser español a través de ese gran artista. -¿Qué gobierno venezolano ha tenido esa conciencia del poder de la cultura como estrategia política, educativa y económica? -Ninguno. Ni este gobierno, ni los que han pasado han tenido conciencia del poder de la cultura como penetración política. Japón, China, México, Alemania, Francia, por decir algunas de las naciones que saben lo que quieren y lo buscan a toda costa, siempre han abierto todas las puertas de su desarrollo utilizando su máxima riqueza: la cultura que los identifica. Eso no lo hemos podido entender nosotros. -Estamos entrando en otra etapa, con un nuevo gobierno, tal vez se dé un viraje, ¿usted concede el beneficio de la duda? -Tengo fe en Manuel Espinoza. Hay que esperar las elecciones famosas. Mientras tanto, callo, otorgo y espero. Pero lo que sí no espero es que nuestros políticos van a creer en la cultura como un arma de enorme potencial, porque no lo entienden, porque son ignorantes en cultura, totalmente ignorantes, lamento decirlo, pero no saben nada de arte. Sigo esperando la reacción de Manuel y que se logre la construcción de la GAN. Y así como recogen para pagarle al presidente la multa del Consejo Nacional Electoral, así nosotros debemos hacerlo por esa institución; Yo me siento orgulloso de haber donado gran parte de mi trabajo al patrimonio artístico de la Nación, para sedes consulares, para embajadas de Venezuela en el exterior, para subastas benéficas cuyas recaudaciones son para ayudar a enfermos de Sida. Por ejemplo, acabo de donar 29 cuadros de gran formato al Museo de Bellas Artes, seleccionados por ellos, porque yo considero que el mejor sitio donde puede estar mi obra y ser apreciada por un gran público es allí. Lo digo no por vanidad, sino porque así podríamos hacer para concluir la nueva sede de la GAN.
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